Entrevista a Pedro Gullón

El final de la vida sigue siendo uno de los grandes desafíos del sistema sanitario: cómo acompañar con dignidad, cómo respetar los tiempos del duelo, cómo articular respuestas integradas entre profesionales sanitarios, servicios sociales y funerarios.

Pedro Gullón, médico epidemiólogo, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, y actual Director General de Salud Pública y Equidad en Salud, reflexiona en esta conversación con el Magacín CyA sobre los retos del sistema, las oportunidades de mejora, la importancia de la colaboración institucional con el sector funerario, y el papel de la formación, la normativa y la cultura del cuidado en el cierre del ciclo vital.

Entrevista: “Juntos podemos trabajar mejor en dar dignidad al proceso final de la vida”

¿Qué papel cree que debe jugar la salud pública en el acompañamiento al final de la vida, desde una perspectiva integral y humanista?

En este momento creo que es fundamental que la salud pública se posicione con el acompañamiento al final de la vida. Como la salud pública tiene un enfoque de salud en todas las políticas, es fundamental que actuemos no solo desde el sistema sanitario, si no que intentemos trabajar desde lo comunitario y desde todos los sectores para poder aportar un final de la vida acompañado, en comunidad y humano. 

Además, desde el sistema sanitario poco a poco el acompañamiento al final de la vida es un elemento más conocido y más consciente. La pandemia de COVID-19 nos hizo ver que había situaciones complicadas que no nos gustaría repetir e intentar los máximos apoyos en ese periodo.

En un momento de transformación social y sanitaria, ¿cómo valora el trabajo conjunto entre el sistema de salud y el sector funerario?

El cuidado al final de la vida tiene que incluir a las personas queridas. Por ello es importante que haya continuidad en ese proceso, y ahí tenemos que estar todos los actores implicados, por eso es importante que exista una colaboración estrecha. Se trata de que el proceso ya después del fallecimiento también continúe con un enfoque integral. 

La nueva Guía de Sanidad Mortuoria publicada por el Ministerio introduce cambios relevantes. ¿Qué objetivos persigue y qué novedades destacaría?

Yo la principal novedad que destacaría es la modificación para el mayor respeto hacia las confesiones religiosas. Es muy importante que una guía común avance en esos aspectos. Aunque hay otros cambios, para mí ese es el más relevante. 

¿En qué medida cree que esta nueva guía puede contribuir a una mayor armonización normativa entre comunidades autónomas?

Esa es la gran labor del Ministerio en competencias transferidas, intentar armonizar con trabajo en conjunto. La verdad es que la guía ha salido con un consenso absoluto en todos los órganos en los que se ha trabajado, incluida su aprobación final en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Eso no pasa siempre, y pone en muy buen lugar una potencial reducción de desigualdades entre las CCAA

¿En qué medida cree que esta nueva guía puede contribuir a una mayor armonización normativa entre comunidades autónomas?

Creo que el principal, y gracias al trabajo de múltiples profesionales a lo largo de los años, es pensar que es un proceso humano, que merece el máximo respeto y cuidado, atendiendo a la diversidad. Como comentaba antes, el no poder hacer esa transición es uno de los temas de la pandemia que creo que nos ha dejado herida. 

El duelo y la despedida no siempre han estado integrados en la mirada sanitaria. ¿Estamos avanzando hacia una visión más inclusiva del proceso vital?

Sí, creo que se ha avanzado mucho, sobre todo en la conciencia. Todavía tenemos muchos aspectos en los que mejorar a nivel de protocolos, guías e incluso legislación, pero los avances no se pueden negar. 

¿Qué relevancia tiene, en su opinión, el nuevo Grado Medio de Técnico en Servicios Funerarios dentro de la estrategia de profesionalización del sector?

En general la profesionalización es una forma de garantizar competencias en el sector. A veces, esta profesionalización puede llevar a tener visiones muy cerradas del ámbito que se trata, pero no es este caso, que de por sí el tema es muy transversal. ¿Qué hay más real que la muerte?

¿Cómo valora el reconocimiento creciente de los servicios funerarios como un eslabón esencial del cuidado a las personas?

Algo necesario con una visión integral. Los servicios funerarios son un actor importante en todo el proceso de cuidado al final de la vida, y la continuación justo después de la muerte. Por ello deben ser tenidos en cuenta. 

¿Cree que deberíamos avanzar hacia un enfoque más transversal entre sanidad, servicios sociales y servicios funerarios en la atención post mortem?

Hay espacios de mejora en sentarse a escuchar necesidades y una visión integral de todo el proceso. Siempre hay estos espacios para tener mejor coordinación. Los que venimos de formación en salud pública también hemos sido formados en la calidad asistencial, donde tenemos muy integrados todos los ciclos de mejora continua. 

Desde la salud pública, ¿qué retos se identifican en relación con la gestión del duelo colectivo y las emergencias con impacto emocional como las pandemias?

Creo que la soledad en el proceso del final de la vida es algo que nos duele a toda la sociedad. Yo esperaría que fuésemos capaces de desarrollar mejores protocolos que respeten a la vez la protección de las personas y el derecho al acompañamiento en el proceso. No es un derecho secundario, y tenemos que ponerlo en la agenda para no repetir esas situaciones. De hecho, una vez acabó la primera onda se mejoraron muchos protocolos y ya vimos escenas más humanas. Por ahí estará el camino a seguir. 

¿Qué papel atribuye a la formación y sensibilización profesional en la mejora del trato hacia los familiares en el momento de la despedida?

Creo que como profesionales de la salud estamos continuamente en formación. Surgen no solo nuevos tratamientos y técnicas, si no formas de humanizar los periodos de salud, enfermedad y, también, la muerte. Por eso, muchas veces no se trata que los profesionales de la salud no sepan que estos temas son importantes, si no que la atención diaria a veces no permite cambiar la forma de actuación, especialmente ante profesionales muy saturados. Por eso la sensibilización y formación pueden jugar el rol en ponerlo en el centro. 

¿Hay margen para incluir en la agenda de salud pública acciones que reconozcan la importancia del respeto al ritual y a la diversidad cultural en los procesos funerarios?

Tendremos que verlo. A veces hay todavía mucha confusión en la Agencia. Tal y como dice a ley aprobada en el congreso, la Agencia acogerá sobre todo las funciones técnicas y científicas (por ejemplo, evaluaciones de las políticas, la vigilancia de la salud, las evaluaciones técnicas antes de realizar una estrategia…), que son las que tienen que estar más alejadas de los ritmos políticos; la Dirección General tendrá funciones mucho más dedicadas a la aplicación de planes y a la toma de decisiones con asesoramiento de la Agencia. Todavía ahora nos queda el paso de definir el reglamento, donde ya definiremos muy bien qué funciones se quedan en la Dirección General y cuáles se van a la Agencia. 

¿Qué medidas se están impulsando desde la Dirección General de Salud Pública para mejorar la coordinación con actores clave en el momento post mortem?

En la Comisión de Salud Pública tenemos un grupo de trabajo conjunto de sanidad mortuoria, que es del lugar donde nació la redacción de la actualización de la guía. En los grados técnicos de expertos es donde es más fácil alcanzar consensos para intentar, siempre respetando las competencias, reducir la variabilidad de los procesos. Luego ya a más nivel, tanto desde las personas responsables de sanidad mortuoria o yo mismo nos hemos estado reuniendo este año para recoger algunos aspectos para mejorar la coordinación. 

¿Cómo ve la evolución del sector funerario en términos de modernización, digitalización y sensibilidad social?

Creo que en el ritmo que nos pasa también en la Administración. Las nuevas ideas tienen cada vez más penetración, se producen cambios, pero todavía van algunos lentos. Y todos estos cambios nunca tienen que perder su misión principal: el acompañamiento, el respeto a la diversidad y la humanización. 

¿Qué mensaje le gustaría trasladar al conjunto de profesionales funerarios que, desde el respeto y la vocación de servicio, acompañan a las familias en los momentos más difíciles?

Que enhorabuena y gracias. Que todos tenemos que estar en ese lugar. Juntas es como podemos trabajar mejor en un objetivo tan sencillo en principio y a veces tan complicado: dar dignidad al proceso final de la vida.